Una canción decidió su futuro

Tal vez debería empezar esta historia al modo de Saint-Exupéry diciendo: Cuando tenía muy pocos años, oyó un día una magnífica canción que le interesó especialmente. Su atmósfera melancólica y el desconocimiento preciso de su letra no le impidieron embarcarse en la experiencia sentimental que se produjo en él al escucharla. Se llamaba "Tous les garçons et les filles de mon âge" y era cantada por una joven promesa de nuestro pais vecino que engrosaría las filas de las figuras consagradas de la canción francesa: Françoise Hardy.
En todo momento y lugar, cuando sus oidos detectaban esa melodía , todos sus sentidos se concentraban en ella como si de un efecto mágico se tratara. Acabó memorizando su letra, o mejor dicho, algo parecido a su letra, puesto que en aquella época desconocía el francés. Los sentimientos sugeridos, la melancolía esbozada , la soledad, la transcendencia y el atractivo de lo desconocido , ingredientes de esa melodía, le llevaron ese verano a concentrarse en la lengua francesa y a pasar treinta días pegado a los libros, sin levantar cabeza, tratando de desentrañar sus secretos y seducido por su belleza.

Varias personas de su entorno le recomendaron que se dejara de sensiblerías y dedicara su tiempo a las ciencias. Y fue así como, siguiendo sus consejos, se matriculó en una ingeniería después del bachillerato. Sus estudios siguieron su ritmo normal pero a mitad de carrera empezó a plantearse preguntas y la imagen del profesional al que le dirigían sus estudios no coincidía en absoluto con la que él tenía de sí mismo. En realidad nunca pudo dejar de lado el campo de las lenguas al que se dedicaría finalmente.
Aunque no conoció a ningún amigo que le dijera que "también los oidos son sordos y que hay que escuchar con el corazón ", de algún modo se hizo evidente en él esta verdad , que le haría alejarse de lo práctico como única base de sus decisiones.



Joaquín Sahuquillo García

 

(?) c.v.

 

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